La diversidad, la inclusión y el respeto a los derechos humanos dejaron de ser asuntos periféricos para convertirse en elementos que atraviesan la estrategia, la gestión del talento y la sostenibilidad de las organizaciones. Esta fue una de las principales reflexiones de la última sesión del Circuito Gestión Impacto Social, facilitado por Markova Concepción, economista y exembajadora de Panamá en Naciones Unidas
Cerrar un ciclo también es una oportunidad para conectar las ideas que lo atravesaron. En esta última sesión, la conversación regresó a un elemento común a toda organización: las personas.
Desde una mirada práctica, Markova Concepción profundizó en la relación entre empresa, diversidad, inclusión y derechos humanos, destacando que la dimensión social de una organización no puede medirse únicamente por sus aportes a la comunidad. También importa cómo trata a las personas sobre las que genera algún tipo de impacto, tanto dentro como fuera de sus operaciones.
Uno de los primeros puntos abordados fue la diferencia entre diversidad e inclusión. Una organización puede contar con personas de diferentes edades, géneros, orígenes, capacidades, experiencias y perspectivas, y aun así mantener barreras que limiten su participación o crecimiento.
Por eso, gestionar la diversidad requiere algo más que reconocer quiénes forman parte de una organización. Implica identificar las barreras existentes, establecer objetivos, implementar acciones y medir los avances.
Entre los indicadores que pueden ayudar a las organizaciones a conocer su realidad se encuentran la participación de mujeres en posiciones directivas, las brechas salariales, la rotación y los ascensos desagregados, la presencia de personas con discapacidad y otros grupos subrepresentados, así como el acceso a capacitación y la percepción de inclusión y pertenencia de los propios colaboradores.
Escuchar a las personas también es parte de gestionar. La percepción de quienes viven las políticas y prácticas de una organización puede revelar brechas que no siempre son visibles desde los espacios de decisión.
Una responsabilidad que trasciende las paredes de la empresa
La sesión también abordó los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos, aprobados en 2011, y la responsabilidad que tienen las organizaciones de respetar los derechos humanos a lo largo de sus actividades.
En este contexto, la gestión no termina en los colaboradores directos. Proveedores, contratistas, consumidores, comunidades, pueblos indígenas, personas con discapacidad, niños y adolescentes, entre otros grupos, pueden verse afectados por las decisiones y operaciones empresariales.
Un ejemplo permitió llevar la conversación a un escenario concreto: una empresa puede cumplir con la legislación laboral respecto a sus empleados y, al mismo tiempo, adquirir productos de un proveedor cuya cadena productiva utiliza trabajo infantil. La pregunta entonces deja de ser únicamente si la empresa cumple con la ley y pasa a ser qué responsabilidad tiene sobre los impactos que ocurren dentro de su cadena de valor.
La reflexión plantea un desafío cada vez más relevante para las organizaciones: conocer dónde están sus impactos, identificar los riesgos y actuar para prevenir, atender y remediar posibles vulneraciones.
Así, el cierre del Circuito Gestión Impacto Social deja una idea esencial: la sostenibilidad también se construye desde la manera en que una empresa entiende, respeta y gestiona su relación con las personas.