El cambio climático ya no puede entenderse únicamente como un desafío ambiental. Sus efectos están llegando a las empresas, las cadenas de suministro y los mercados financieros, convirtiéndose en un factor que empieza a pesar cada vez más en las decisiones de inversión y financiamiento.
Esta fue una de las principales reflexiones de la tercera sesión del Circuito: Finanzas Estratégicas y Sostenibles: El CFO ante los retos de la nueva economía, un espacio que abrió la conversación sobre el papel de los instrumentos financieros sostenibles y las oportunidades que representan para las organizaciones.
La jornada inició con la participación de Adelaida Peláez Ángel, oficial técnica senior para América Latina y el Caribe de Climate Bonds Initiative, quien planteó una pregunta como punto de partida: ¿hasta qué punto el cambio climático representa hoy un riesgo financiero material para las organizaciones?
Su respuesta parte de una realidad que resulta cada vez más difícil ignorar. Eventos climáticos extremos más frecuentes e intensos están afectando activos, operaciones, cadenas de producción y costos. El impacto termina trasladándose al sistema financiero, desde los hogares hasta las grandes corporaciones, con efectos sobre el crédito, los seguros y la continuidad de los negocios.
Para Peláez, esta realidad obliga a cambiar la manera en que las organizaciones entienden la sostenibilidad. Ya no se trata de un tema que pueda permanecer aislado en un área de responsabilidad social o ambiental. Debe formar parte de la estrategia del negocio y estar presente en las decisiones de la alta dirección y las juntas directivas.
La especialista destacó además la importancia de contar con objetivos claros, medibles y respaldados por la ciencia, una gobernanza sólida y rutas de implementación que permitan avanzar hacia modelos de negocio más resilientes y hacia una economía baja en carbono.
El financiamiento como herramienta de transformación
La conversación tomó posteriormente una ruta más práctica con la participación de Gema Sacristán, socia líder de Sostenibilidad y Cambio Climático en Deloitte Spanish-Latam: Panamá, quien puso el foco en la evolución del mercado panameño y en cómo las finanzas sostenibles comienzan a abrir nuevas posibilidades para las empresas.
Sacristán destacó avances como la Taxonomía de Finanzas Sostenibles de Panamá, el desarrollo de instrumentos de deuda sostenible y la creación de mecanismos que incentivan mejores prácticas empresariales. En este nuevo escenario, explicó, incorporar la sostenibilidad puede traducirse también en mejores oportunidades de acceso a capital e inversión.
Entre las herramientas disponibles se encuentran los bonos y préstamos verdes, sociales y sostenibles, además de los instrumentos de transición y los préstamos vinculados a la sostenibilidad.
La diferencia está, principalmente, en cómo se estructura el financiamiento. Algunos instrumentos establecen que los recursos deben destinarse a proyectos específicos con beneficios ambientales o sociales. Otros permiten mayor flexibilidad en el uso del capital, pero vinculan las condiciones financieras al cumplimiento de determinados objetivos de sostenibilidad.
Así, una empresa puede encontrar en estos mecanismos una alternativa para financiar proyectos, fortalecer su transición o incluso incorporar metas de sostenibilidad dentro de su relación financiera con los bancos.
Un mercado que empieza a cambiar
El papel de las entidades financieras también está evolucionando. Además de otorgar financiamiento, los bancos pueden estructurar instrumentos sostenibles, participar como inversionistas y contribuir a canalizar capital hacia actividades que respondan a los desafíos ambientales y sociales.
La discusión deja una idea central: las finanzas sostenibles no son simplemente una nueva categoría de productos financieros. Representan una transformación en la manera de evaluar riesgos, asignar capital y entender el valor de una empresa en el largo plazo.
Para Panamá, el desafío está ahora en continuar desarrollando este mercado y, para las organizaciones, en convertir la sostenibilidad en parte de sus decisiones estratégicas. Porque en una economía cada vez más expuesta a los riesgos climáticos, financiar la transición también significa prepararse para competir en el futuro.